No tengo ningún tipo de conocimiento profesional sobre política venezolana. Categóricamente afirmo no ser experta en la materia, aclaratoria necesaria para los extranjeros que escriben a mi correo pidiendo mi opinión "técnica" sobre lo que ocurre en Venezuela.
Las opiniones que he expuesto en este blog son producto de experiencias vividas y de lo que he podido ver con mis propios ojos, no de lo que me contaron, o de lo que leí, o de lo aprendido en aulas, o de influencias recibidas. Aclaro esto porque veo que hay dos Venezuelas que nacen de experiencias diferentes:
1- La Venezuela real, que es la que viven -día a día- los venezolanos que residen en Venezuela, sin tomar en cuenta posición política, económica o religiosa.
2- La Venezuela de las estadísticas, esa es la que está en números y en videos. Ésta se consigue fácilmente por Internet.
Hay una tercera opción, digna de ser comentada:
3- La Venezuela turística, que es la visitada por personas que, en lo que dura un viaje de turismo, captan exactamente "todo" lo que sucede y, al regresar a sus respectivos países, les narran a sus compatriotas la "verdadera realidad" de lo que sucede en la Venezuela chavista o antichavista, dependiendo de sus preferencias políticas. Esa es una Venezuela muy particular, a la carta diría yo.
No tienen mis opiniones ningún rigor académico. Mis emociones no se ordenan. Se disparan -palabra que, por irracional, deben detestar los que se apoyan en las estadísticas-y las vierto en estos textos que suelen ser más largos de lo debido, tan largos como esos pensamientos que no me abandonan. No acepto descalificaciones a lo que digo porque mis sentimientos son termómetros de una realidad que me duele y me preocupa. Me importa poco que me digan arrogante, calificativo que siempre me dan y al que me he acostumbrado. Algunos son más condescendientes y hasta dicen: "Tienes buenos sentimientos, pero no quieres ver la realidad"
Alguna luz arrojan mis escritos para que sean tomados en cuenta por quienes no piensan igual que yo. Por eso no dejo de escribir, a riesgo de no ser tan ordenada en mis ideas y en mis críticas, a riesgo de seguir viendo la realidad como la veo desde hace muchos años -antes de Chávez- con un gran pesimismo y pocas esperanzas para mi país.
Según mis últimas experiencias con gente que no nació ni vive en Venezuela, lo último -lo in- es ser chavista y vivir a Venezuela desde la distancia, muchos ni han estado en Venezuela. Esta gente desprecia las vivencias de quienes habitan en el país o de los que ya no viven en Venezuela, pero todavía tienen familiares y amigos y, por lo tanto, mantienen un lazo estrecho con esa tierra que a ellos sí les duele porque han vivido bajo el gobierno de Chávez por mucho más tiempo que un turista. Esa es la gente que ha tenido experiencias mucho más creíbles que las estadísticas y videos porque conocen a Chávez desde el golpe del 04 de febrero de 1992. Esa gente puede ser chavista o no, pero son reales, no fríos números nada confiables.
Mi testimonio puede ser todo lo emotivo que quieran, pero nadie puede dudar que he vivido la realidad venezolana desde cerca y durante años, no días. Tampoco hablo de una Venezuela que debe ser muy diferente si se vive mientras se viaja en el lujoso avión de Chávez o si se está dentro del Palacio de Miraflores. De esa Venezuela, de esa gente que vive cerca de Chávez no puedo hablar porque nunca he estado en esos círculos de poder. No estoy mentalizada para ver tanto lujo y aceptarlo. No puedo.
Tengo amigos y familiares que ocupan -o han ocupado- altos cargos en el gobierno de Chávez, he sido vecina de un general chavista con quien me saludaba en el ascensor pues soy respetuosa de las posiciones políticas de los demás, he visto y he conversado amablemente con la esposa e hijos de este general, conocí a uno de los embajadores argentinos pro Chávez y tuve excelentes relaciones con él. Por lo tanto, si quisiera acercarme al alto chavismo, podría hacerlo y escalar hasta donde quisiera. Mi falta de timidez me ha permitido lograr lo que me propongo y, entre lo que me propongo, está mantener mi postura antichavista a menos que Chávez haga algo por mi país. Si hay un cambio, cambiaré yo también. De lo contrario estaré en el lado opuesto, y no por falta de oportunidades o de alguien que me ayude a escalar hasta las mieles del poder que para nada me hacen falta.
Tengo amigos pasando por muy malos momentos económicos, gente de la que me preocupa su futuro porque no tienen ya dinero y no consiguen trabajo. Eran de clase media. Si ese es el socialismo del siglo XXI, ¡vaya retroceso!
Conozco gente muy pobre que narran descarnadamente como a la gente las matan a las puertas de las chabolas donde viven y ellos pasan delante de sus cadáveres porque la morque demora en llegar pues temen subir a los cerros. Tapan la cara de los niños con mantas para que no vean los cadáveres. Sus narraciones son tan fuertes que hay que armarse de mucho valor para seguir escuchándolos. Esa es la vida en los humildes cerros caraqueños. Si eso es socialismo del siglo XXI, no es lo que quiero para los pobres de mi país.
Esas narraciones no están en las estadísticas porque éstas son muy frías para narrar esos hechos cargados de emociones. Esos pobres que me contaron esas historias fue por pura casualidad, a fuerza de vivir en Caracas me los tropecé. Dudo que en un viaje de turismo -o desde la comodidad del primer mundo- se les localice porque ellos no están en las puertas de los hoteles sino en sus lugares de trabajo. Eso pobres que yo conozco no son los que muestra Chávez. Los que Chávez muestra son de utilería como todo escenario. Al fin y al cabo "Aló presidente" ya es un show que dura cerca de ocho horas y, como todo show, tiene decorados y un público que sigue un guión. Juro que esto no lo digo despectivamente. Lo digo porque es la realidad de todo lo que se hace en la televisión. ¿Alguien lo niega?
Confieso estar muy preocupada por esas tres visiones de Venezuela. Si todos fuéramos sensatos y quisiéramos unir tantos pedazos de esta "porcelana rota" llamada Venezuela, nos sentaríamos a aclarar los puntos porque las tres visiones de un mismo país ya hablan de que algo está mal. Algo pasa para que Venezuela se perciba de forma tan diferente y alguien tiene que aclarar esta enorme confusión. Algún mensaje no se transmite correctamente y por eso se recibe de distintas maneras. De eso no tengo duda.
A mí que no me muestren estadísticas. Las cosas hay que verlas en sitio para aclararlas desde ahí. Tampoco acepto situaciones manipuladas por bandos encontrados: chavismo u oposición, o por extranjeros que viven a Venezuela y son chavistas desde la comodidad del primer mundo.
Yo quiero mostrar mis pruebas dentro de Venezuela y que ahí mismo me muestren las otras, las contrarias a las mías. Convencer o que me convenzan, pero dentro de territorio venezolano. Eso es lo justo. No pido más.
Que no me hablen los chavistas de los no sé cuántos años de puntofijismo. Tuve la muerte muy cerca de mí y no estoy para pasado ni futuro: quiero vivir al día con soluciones inmediatas. Las excusas en el pasado no son admisibles en una Venezuela que en el presente recibe tanto dinero por concepto del petróleo.
¿Que Venezuela tuvo malos gobiernos? Eso lo sabemos todos los que no estamos ciegos y no hemos sido políticos, pero eso ya pasó. Ahora a construir sin mirar atrás para no hacer nada. Eso cansa. Mientras se pierde tiempo en ese debate del puntofijismo las chabolas se derrumban con las lluvias y más gente queda en la calle. Mientras Chávez invierte casi ocho horas hablando por televisión, mucha gente -gravemente enferma- espera a las puertas de hospitales. Eso no está en estadísticas, pero es así. A esa gente que requiere ayuda ya no se le puede decir que "muchos años de malos gobiernos llevaron a Venezuela a este desastre". Esa gente votó por quien prometió eliminar ese caos. ¡Qué cumpla! Que en Venezuela no existan niños en la calle, ni gente que escriba "adquerir" en lugar de "adquirir". El analfabetismo no lleva a nada bueno.
No se puede perder más tiempo, a menos que lo que se desee es poner a éste a favor de un grupo para seguir con algo que lleva a Venezuela por muy mal camino. Si es así, entonces no sirve el socialismo del siglo XXI y yo mantendré mi postura porque no hay estadística que me convenza ante una triste realidad que sí conozco. No me la contaron, la viví en la Venezuela real, la de carne, hueso y sentimientos.
Carmen Guédez
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